Han pasado 4 años
A José Antonio Labordeta “ In memoriam”
Pues, aunque el esplendor, tan encendido antaño,
se quite para siempre de mi vista,
aunque nada pudiera devolverme las horas
de luces en la hierba y de gloria en las flores,
no habré de entristecerme y hallaría
fuerzas en lo que aún queda:
en aquella primera simpatía,
que, habiendo sido, durará ya siempre;
en aquellos pensares tranquilos que brotaron
de las humanas cuitas;
en la fe que traspasa las lindes de la muerte;
en los años, que traen la mente reflexiva.
Wordsworth
Recuerdos junto a la chimenea del Rincón de Prometeo
Llegan momentos de ir haciendo balance en la vida, de ordenar cartas que el tiempo ha teñido de amarillo con fechas muy lejanas, con palabras que flotan en el tiempo y que guardan todavía la voz y el timbre de quien las escribió.
También fotografías, ese coágulo de un instante rescatado al tiempo, que solo se detiene en los poemas y que ahora están desteñidas y alabeadas.
He vuelto a leer tus primeras cartas, desde Teruel en pleno fervor de los 60, cuando te invité a cantar por primera vez en la Facultad de Medicina de Zaragoza. Cantaste en el aula de Físicas y allí comenzó un camino y una amistad, que celebramos en aquel momento con un vino y anchoas en “El Pájaro Azul” de la calle Doctor Cerrada.
Hablábamos de todo lo humano y lo divino: Aragón, París, Brassens, Godard, de tu hermano Miguel, Vallejo, Quasimodo, Walt Whitman, Celaya, Blas de Otero, Quevedo. Recuerdo algo sobre las utopías” no es utopía lo que los hombres pueden y no quieren hacer” y del mundo de griegos y romanos ” si a Grecia y a Roma le cupo el honor de haber creado instituciones, mitos y formas tan bellas a nosotros nos cabe admirarlas y probar de seguir la estela”. Perdón si mis palabras y mis recuerdos no son correctos
Cuarenta años después la luz tuya está apagada pero el resplandor de tus pasos permanece. Y quedan los ecos de tu voz. Todos captamos tu siembra de amor, comprensión y generosidad en todo lo que te rodeaba. Esa es la base de la amistad. El honor se concede.
Unas palabras finales
Déjame recordarte esta tarde de invierno, cuando se cumplen cuatro años de tu adiós q con unas palabras de Quevedo a las “cenizas enamoradas”.
Cerrar podrá mis ojos
la postrera sombra que me llevase al blanco día
y podrá desatar esa alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera
más no desotra parte de la ribera
dejará la memoria en donde ardía
Nadar sabe mi llama el agua fría
Y perder el respeto a la ley severa
Alma, a quien todo un Dios, prisión ha sido
Venas que humor a tanto fuego han dado
Médulas que han gloriosamente ardido
Su cuerpo dejará no su cuidado
Serán ceniza, mas tendrá sentido
polvo serán mas
polvo enamorado
Quevedo
Adiós amigo. Que el cielo de los poetas te sea benigno. Siempre tendrás un lugar en mi corazón.
Joaquín Callabed