03/01/2017

Viaje de ateneistas de Zaragoza a Híjar en 1906

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Una institución muy interesante de carácter científico, literario y artístico, es el Ateneo de Zaragoza, fundada en el año 1864. Sus actividades fueron muchas desde debates políticos, científicos, literarios a homenajes conmemorativos a grandes figuras como Víctor Hugo, Calderón de la Barca, Pérez Galdós y otros muchos; además de excursiones histórico-artísticas.  De estas en el año 1906 realizaron tres; la primera a Híjar, la segunda al monasterio de Rueda y la tercera a Muel. A nuestro pueblo vinieron entre otros, Pano, Borobio, Dosset, Noailles, Oliver, García-Arista, Azara y Galiay. Antes de llegar a Híjar estuvieron en Urrea para admirar la iglesia construida con planos de Ventura Rodríguez y algunos cuadros de Goya: San Agustín y La venida de la Virgen. El cuadro titulado San Pedro mártir no les pareció a los excursionistas de Goya, sino de Bayeu. De todo el viaje se tomó testimonio gráfico que pasaría a engrosar la colección de fotografías del Ateneo, desaparecida sin dejar rastro.

La descripción de Híjar además de muy bien redactada, es muy explícita, lo cual nos obsequia con una maravillosa panorámica de nuestro pueblo de hace cien años(1). Es como sigue:

 

“Nada más dejar Urrea, la expedición se dividió: un grupo a pie tomó la orilla del Martín, para ver un bellísimo paisaje, en el iban muchos artistas y fotógrafos; otro continuó en el carruaje para llegar a la Casa Municipal, donde estaban Mariano Sorribas, concejales y secretario.

            El Archivo Municipal de Híjar es digno de visitarse, hay sobre todo en que los sabios de España y aún del extranjero comienzan a fijar la atención en la organización admirable que tuvieron las municipalidades aragonesas durante la Edad Media.

            Entre un centenar de pergaminos que el Señor Secretario Román Espinosa puso a nuestra disposición, vistos de corrida por la estrechez del tiempo, aparecieron tres o cuatro privilegios reales, varias cartas episcopales y arzobispales, algún buleto papal, muchos documentos de los duques de Hijar, y sobre todo aparecieron 2 ordenamientos municipales de gran interés; uno de ellos dado por D. Pedro Fernández, primer Señor de Híjar, hijo natural de Jaime I.

            A este rey es a quien los historiadores atribuyen la conquista de esta población; cosa que necesita comprobarse, puesto que fue unos pocos años antes, cuando Alfonso II llevo hasta Teruel la frontera del reino.

            Eran ya las 12,45, y había que abandonar el Archivo y acudir al punto convenido para la comida, que no era otro sino la hermosa Torre de Ara, propiedad de nuestro buen amigo José A. Dosset. Allí, en medio de aquel delicioso vergel, el Sr. Dosset nos obsequió, como el sabe hacerlo, con un banquete espléndido. El café se tomó en el delicioso umbráculo adosado a la casa y se juntaron a nosotros, para no dejarnos en todo el tiempo de nuestra permanencia en Híjar; los Sres. Joaquín Bernad, D. José y D. Fulgencio Monzón, el Dr. D. Juan Monzón, D. Agustín Moso, D. Emilio Izquierdo, D. Germán Giménez Baselga, y otros distinguidos hijaranos. No había tiempo que perder y comienza la visita a la población.

            Es Híjar una de las que mejor guardan el reinado de las tradiciones aragonesas. Durante el curso del siglo XVI debió haber allí un florecimiento extraordinario en la riqueza pública, una renovación casi total de la edificación según el gran número de viviendas, que conservan recuerdos de aquella época.

            La Iglesia de Sta. María es construcción de la misma. Recorre, por el exterior la parte alta de sus fachadas, todas de ladrillo, un primoroso friso mudéjar, que sirve también de ornamentación al ábside. Este se cuarteó en otro tiempo y fue rodeado de un cuerpo de edificio que contuvo la ruina y sirvió de girola para el interior. El templo es de una sola nave, techo de crucería con esos hermosos rosetones de oro que tanto llaman la atención de los extranjeros que visitan nuestras iglesias. El retablo mayor es plateresco y bien merecerían estudio detallado sus hermosas pinturas.

            No hay que decir si la munificencia de los Sres. De Híjar aparece por todas las partes. Guarda la sacristía dos ternos que envidiarían muchas catedrales; negro el uno con maravilloso bordado de plata, rojo el otro con admirables tapicerías de seda y oro, ambos de terciopelo. El arca del monumento en plata repujada, regalo del Duque D. Jaime de Silva en 1715, es primorosa; un cáliz del siglo XIV con esmaltes, dos grandes relicarios, el lignum crucis. Todo merece atención y estudio. ¿Es de Giuseppe Martínez un hermoso lienzo de San Vicente Ferrer que allí se guarda? La cabeza es hermosa, lo demás no corresponde. Creímos ver sin embargo la firma del autor.

            Enfrente aparece el retrato del Sr. Pedro Cortés y Larraz, arzobispo de Guatemala en 1766; en medio el del famoso y venerable P. Selleras, autor de varias obras. Nuestra gratitud al dignísimo párroco y beneficiados por su bondad para con nosotros.

            Próximo al templo se alzan las ruinas del Palacio Ducal. Lo han adquirido recientemente varias familias labradoras por unas cuantas pesetas. ¿Cómo los sucesores de Jaime el Conquistador lo han consentido?¿Cómo han permitido semejante ruina? ¿Duquesa de Villahermosa, dónde estás? Tú que de tal manera honrabas las tradiciones de tu casa y sabías gastar cuantiosas sumas en evitar ruinas menos importantes que estas. ¿ Por qué todas las grandes casas solariegas no han de imitarte?

            Bien lo merecía aquel escudo ducal que tristemente campea aún sobre el gran portalón de piedra del castillo. Corónale la señera famosa de D. Jaime, honrado por los valencianos de tal manera y aquí abandonada y envilecida. Le cubre las barras de Aragón y las cadenas de Navarra.

            Lo demás es desolación y ruina. Un local bajo, abierto al viento y a la lluvia, recuerdo con los arabescos de la portada y un interesante crucifijo pintado en el interior durante la décima quinta centuria, recuerda, digo, la capilla del palacio o castillo.

            La Iglesia de San Antón es obra también mudéjar y de ladrillo. Su única nave formada por grandes torales de forma ojival, que arrancan del suelo, recuerda la construcción románica de los grandes monasterios del siglo XII. La techumbre, de madera labrada, se apoya a dos vertientes directamente sobre los grandes arcos. El altar mayor es plateresco, como lo es el de S. Antón, que llama especialmente la atención por alguna de sus pinturas (los Desposorios).

            Otra Iglesia vimos, San Blas, también de ladrillo y mudéjar, aunque posterior al parecer en su construcción a las anteriores.

            Y estamos en la Plaza, que llaman de la Virgen de Arcos. El viajero que dirige la mirada hacia la salida de la población, próxima por aquella parte, se sorprende agradablemente. Sobre la puerta de la Villa aparece un gran balcón, que ocupa todo el ancho de la calle, a la altura de los pisos principales de las casas. Abierto el balcón, deja ver una hermosa capilla con su dorado retablo y su imagen titular de la Virgen de Arcos. Y sirve de remate a toda la construcción, elevándose a gran altura, una elegantísima espadaña, especie de campanario de tres cuerpos en disminución, que hacen verdadero derroche de ligereza y gallardía. Es la forma que tienen todas las entradas de la población, lo mismo que en  Urrea, pero ninguna se alza con la elegancia y valentía de esta puerta de la Virgen de Arcos.

            Comenzamos el regreso, fijándonos de paso en diferentes casa particulares, sobre todo en la que llaman de Baptista de Lanuza, y en la de la Abadía con su hermoso remate e interesante hornacina que presenta una preciosa imagen de la Virgen del Pilar, tallada en piedra. Venimos descendiendo y en otra vivienda vimos curiosísimas pinturas, probablemente del siglo XV, e interesantes restos de ornamentación en la escalera. Pasamos la Plaza de la Villa, rodeada de grandes arcos ojivales y vetustas construcciones; y con pena dejamos aquella población donde el arte genuinamente aragonés dejó en todas las épocas tan primorosas muestras de su desenvolvimiento y donde nosotros tan excelentes amigos habíamos encontrado y tantas atenciones de parte del ilustre Ayuntamiento y de todas las autoridades.

            Nos queda una sorpresa preparada de intento para la última hora por nuestro consorcio el Sr. Dosset, la visita a la moderna ermita del Carmen. Agria es la subida; sobre todo después de las fatigas de todo el día; más quedó gallardamente compensado el esfuerzo, no con la maravillosa vista que desde aquella altura se divisa, sino con aquella verdadera aparición celestial que el ingenio de nuestro artista el Sr. D. Jorge Albareda ha sabido presentar en el retablo del hermoso templo, construido bajo su dirección y del venerable apóstol de esta comarca y de la sociedad de obreros de Zaragoza, D. Pedro Dosset.

A las 6,40 tomábamos el tren de Zaragoza, poniéndonos al habla en La Zaida con el conductor del correo de Escatrón, para preparar la excursión próxima al Monasterio de Rueda y al mismo citado pueblo, donde se guarda una de las maravillosas obras escultóricas de nuestro gran Forment”

 

 

 

 

NOTAS:

 

  1. El Noticiero, 18 y 19 de mayo de 1906.