02/06/2020

La última clase de Carmelo Romero

Una clase virtual

Era el último jueves de mayo, a las siete en punto de la tarde. Se jubilaba Carmelo Romero, más de cuarenta años de profesor, tantos y más de escritor, político, amigo, personaje insustituible en nuestra Universidad y en la vida social y cultural zaragozana, soriana, española. Nos iba a dar su última clase. En pantalla, con camisa azul claro, tono mesurado y serio, convincente, al fondo una gran librería y el escudo del Numancia.

Un público virtual, medio centenar de ventanas en la pantalla (sus alumnos, algunos que lo fueron hace tiempo, colegas, amigos) esperaba intrigado al comienzo de una sesión en línea, ideada y organizada por Julián Casanova, otro de los grandes, que abrió la sesión. Además de ellos, colegas como Pedro Rújula (con Peña Verón), Carmen Frías o Ignacio Peiró. Y, sorpresa, una foto de una joven rubia, con una gran flor en el pelo y una gran sonrisa ¿representaba quizá a sus mujeres?: la entrañable Marga, las dos hijas (estaba Ana), la nieta. Y otros amigos: Ramón Salanova, Marisa Santiago y el firmante. Y, no le conocimos hasta que le saludó al final, Javier Iglesias, el padre de Pablo, vicepresidente del actual Gobierno, con quien se solidarizó por los ataques sufridos hace muy poco por la marquesa portavoz de la crispada derecha, y todos, creo, en nuestro rincón hicimos lo mismo. Carmelo le había presentado, en 1986, en su recién creada Izquierda Unida, viejas amistades.

“Espero no dar demasiado la paliza”, dijo, como suele, comenzando a desarrollar el tema: “El sistema político de la Restauración”. No hay apenas fechas, datos, nombres: sí problemas, el principal es esa rara continuidad y tácita complicidad. Muestra una gráfica repartida a los alumnos: 21 elecciones en medio siglo, con una clave que explica y clarifica: el turnismo entre los dos grandes partidos; sin fallar nunca, cada dos años más o menos, el partido que gobierna convoca elecciones y las gana (ya los reyes o regentes se lo encargaron). Con sus claves, sus picardías, sus características: ya no son militares sino civiles los grandes nombres, el miedo a los aún pequeños partidos. Recita un diálogo entre contertulios en rebotica, hablando de esa política turnante, explica las cosas dándoles vueltas para que queden bien claras.

Quiso dejar claro que no rechazaba el sistema virtual, obligado en este caso por la pandemia, pero era un recurso, un sucedáneo, y prefería ver a todos sus oyentes. Tras algunas reflexiones sobre la enseñanza en general, la Historia, su mucha experiencia (valorando mucho preparar siempre las clases, tener nervios antes de darlas, respetar siempre a todos), se quedó a solas con los alumnos, a tratar sobre sus exámenes. Y, aunque hace tiempo no lo hacía en el aula, encendió el cigarrillo de otros tiempos.

 

El universitario

En la carrera en Zaragoza sobre lo que le gustaba obtenía óptimas notas, y pasaba lo demás: había que hacer otras cosas, por ejemplo escribir en Aragón Exprés, legendaria cabecera de los setenta; o dar clases a obreros, o los veranos en una academia para suspensos mayores. Empezó en la Universidad por azar, en 1973, haciendo la mili, contratado para unas clases en Soria, donde se iniciaba el Colegio Universitario y su novia y actual esposa, Marga, daba ¡árabe! Con Carreras ya en Zaragoza, con su amable autoridad moral, le apoyó en esa tarea. Aún la tesis con Corona: Las elecciones en la provincia de Soria durante la segunda república, leída en 1978. Fue profesor interino en el Colegio Universitario de Soria hasta 1986, un tiempo dirigiendo la sección de Letras; y a partir de esta fecha profesor titular en Zaragoza.

Allí se integra y conecta a fondo con el grupo en torno de Carreras: Forcadell, Casanova, Ruiz Carnicer, I. Peiró, Sabio, Rújula, Frías, Cenarro, Espronceda, Salomón, Ceamanos, Ledesma, Alares, etc. Un grupo científico y humano excepcional, en el que se va a sentir feliz trabajando, estudiando, y, sobre todo, dando clases. Aunque no gusta de cargos de gestión, aceptó los de director del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea; coordinador del Máster de Periodismo Universidad-Heraldo de Aragón; Vicedecano de Profesorado en su Facultad de Letras y vocal de distintas comisiones (doctorado, investigación, etc.), y miembro del Claustro Universitario y de la Junta de Facultad. “La Universidad que queremos”, quedó retratada en una acertada entrevista para la CGT. Sabía de qué hablaba.

Carmelo siempre ha prestado especial interés a cómo el sistema electoral ha determinado el devenir de España. Sus principales investigaciones han estado centradas en las relaciones de poder en la España interior en el largo plazo (siglos XIX y XX), poniendo el acento en las realidades socioeconómicas y la praxis y comportamientos electorales.

Justamente en 1986 comienza a colaborar en numerosos libros colectivos: varios capítulos en la importante Historia de Castilla y León que impulsara en Ámbito desde Valladolid Julio Valdeón; Haciendo historia: homenaje al profesor Carlos Seco; Borja y la raya occidental de Aragón; El siglo XIX en la España interior: relaciones de poder y comportamientos políticos; Poder Local, élites e cambio social na Galicia non urbana; La historia local en la España contemporánea: estudios y reflexiones desde Aragón; El poder de la influencia: Geografía del caciquismo en España (1875-1923); España Elecciones y cultura política en España e Italia (1890-1923); Sagasta y el liberalismo progresita en España; La memoria histórica de Castilla y León: historiografía castellana en los siglos XIX y XX; Provincia y nación: los territorios del liberalismo; La II República en la encrucijada: el segundo bienio.

 

 

Estarán también sus artículos en la revista Historia Agraria, alguno de cuyos números coordinó; su participación en proyectos de investigación, como Historiografía y cultura españolas (ss. XIX-XX), con Ignacio Peiró como investigador principal. O en cursos como el de la UCM en Santander, Poder, saber y querer: la selección de las élites políticas en la España contemporánea (con Carmen Frías) que reúne nueve UU en un importante Máster de Hª contemporánea. No se ha perdido muchos de los cursos de Historia local de Aragón, en algunos casos editando sus actas en libros como el titulado “Universo de micromundos”, con Alberto Sabio.

Ha dirigido numerosos trabajos de investigación (Tesis doctorales, de licenciatura, DEAS, trabajos fin de Master, de Grado) sobre las temáticas anteriormente citadas. Miembro, además, en numerosos tribunales en los que hemos coincidido, sus intervenciones eran para todo colega una fiesta. Especialmente interesantes fueron sus cursos en la Universidad de la Experiencia, con alumnados tan entusiastas. Colaboré varios años en su clase sobre la Transición.

 

 

Siempre dispuesto a dar charlas y conferencias en ciudades y pueblos de Aragón y Soria (de Ejea a Burgo de Osma, de Valonsadero a Borja) y no sólo en casas de cultura e institutos (como hiciera Josep Fontana) sino también en cafés y tertulias, casinos, plazas, Ateneos, clubs de lectura. Ha impartido clases muy rigurosas y emocionantes en varias jornadas republicanas y en la María Moliner intervino en la evocación colectiva a nuestro maestro Carreras, glosando su humanidad y magisterio. En 2016, en el Paraninfo, habló en la entrega de diplomas de de fin de carrera de Letras sobre «La esperanza del 14 de abril». Pacífica, jubilosa y esperanzadamanete, proclamada 85 años antes. Y dio una conferencia: “Las banderas rotas de José Antonio Labordeta” en el estupendo congreso que organizó la Fundación que le recuerda.

 

El soriano

Carmelo es soriano de Pozalmuro, donde nació en 1950. Ello le ha vinculado a su tierra de un modo excepcional, y muchos le tienen como el principal historiador y pensador de la vecina provincia. Colaborador habitual de prensa, radio y televisión, ha mantenido relaciones críticas y colaboraciones con Caja Soria, la Diputación, la Fundación Duques de Soria, etc. Gran especialista en la historia contemporánea de la provincia, de la región castellano-leonesa y, en general, de la España interior, ha escrito páginas decisivas en varios de sus libros: Soria 1860-1936 (Aspectos demográficos, socioeconómicos, culturales y políticos) Diputación Provincial de Soria, 1981; Una copa para la historia. La hazaña del Numancia,  con Luis Martínez Mínguez, Obra Social y Cultural de Caja Duero (Salamanca), 1997 su mirada histórica, social y hasta política al equipo de fútbol de su tierra, en el que “milita” que le otorgó la insignia de oro; Soria Crónica Contemporánea. Caja Rural de Soria, 2008, reeditado por El Mundo, 2011.

Y en colaboración: desde la pionera Historia de Soria dirigida por José Antonio Pérez-Rioja a La provincia de Soria entre la reacción y la revolución, 1833-1843, ambos de 1985; El Museo Numantino, Historia contemporánea de Soria 1860-1936, Casos y cosas de Soria, El crítico alborear del siglo XX, Aproximación a la personalidad y la biografía de Juan Antonio Gaya Nuño; La suplantación campesina de la ortodoxia electoral, etc.

De todas sus “misiones pedagógicas” a la manera de Cossío y Lorca, destaca su «Romería laica», en que durante años representó en los agostos sanjuaneros en Pozalmuro, con muchos del pueblo, «El fantasma de Masegoso» un drama en tres actos escrito por él, en el que figura un viejo narrador con boina, bota de vino, manta y navaja. Hubo años de dos mil asistentes.

Amante tierno y crítico de la tierra soriana y sus gentes, disfruta mostrando la ciudad endomingada y alegre a los amigos, paseando hacia San Saturio por la ribera del Duero, o cogiendo en los bosques cercanos esas setas que tanto disfrutaban con él Marisol Barrera y Gonzalo Borrás. O mostrando humilde y receloso sus espléndidos quince vídeos, de gran éxito en televisión, en que a la manera labordetiana (aunque sin mochila) recorrió otras tantas zonas de la provincia.

 

El escritor

Con 17 años escribió su primer libro de poesía. Luego se volvió hacia el teatro, y fascinado por las obras que vió representar a sus vecinos, redactaría una docena de obras como la citada. Escritor en todos los medios, lógicamente acabaría dando vida a varias “novelas históricas”. La primera, aparecida en edición privada en 1995 y luego objeto de muchas ediciones, es Calladas rebeldías, marca con éxito su incursión en la creación literaria, y que supuso “un gozo personal, sin ánimo de publicarla, solo por el hecho de reflexionar y crecer intelectualmente”. El libro describe las preocupaciones de la gente, personalizadas en el “tío Cigüeño”, un hombre poco instruido, atípico y rebelde por naturaleza, mostrando la historia no desde arriba sino desde abajo, desde las clases populares más desfavorecidas, “para defender su dignidad”. Un alto contenido social y una gran belleza literaria.

 

 

Y siguió sorprendiéndonos con La historia más bella (2010), Prames 2010, a la que más cariño le tiene: “un bello canto a la vida y a la esperanza envuelto en una literatura tan sencilla y cercana como espléndida”. Y El diputado Pardo Bigot: la esperanza del sistema (2011), para contar la esencia del sistema político de forma literaria, porque llega más que la Historia, y explica lo escandaloso con un gran esperpento. Luego, glosando magníficos dibujos caricaturesco de su yerno, César Ordóñez, publica Fauna Humana (2015), un éxito de lectores indignados.

 

El político

Carmelo Romero, se ha dicho y escrito, es el intelectual de Podemos. Él ha contado: “No había militado, hasta la creación de Podemos, en ningún partido político, aun cuando siempre me he considerado un ciudadano política y socialmente comprometido y activo, participando tanto en diversas asociaciones como en numerosos actos públicos, conferencias, mesas redondas, debates, etc y colaborando, desde muy joven y prácticamente de forma continuada hasta el presente, en diversos medios de comunicación tanto provinciales, como regionales y nacionales”.

Amigo de Pablo Iglesias, por serlo como hemos adelantado de su padre, presentó al hijo en 2014: era un joven soriano que había vivido en la ciudad trece años. Participó activamente en el 15 M y en la asamblea fundacional de Podemos, El hoy vicepresidente del Gobierno de España, cuando se trató de la ley electoral, respondió contundente: «Lo importante no es lo que piense yo, es lo que ha dicho Carmelo Romero»: para profundizar en la democracia nada más necesario que cambiar la ley electoral, comenzando por eliminar la regla del dos y las listas cerradas; como demócratas deseamos que la representación del Congreso sea lo más parecida a la opinión real de la ciudadanía.

 

 

Invitado a numerosas charlas y debates, miembro del Consejo Ciudadano del Círculo de Podemos de Soria; fue uno de los ponentes en la reunión nacional de Vista Alegre defendiendo la propuesta, “Proceso Constituyente”. Y candidato al Congreso por la provincia de Soria, no salió pero obtuvo unos valiosos miles de votos. Preguntado por Cazarabet por la causa, respondía: “un sentido de la responsabilidad ante la indecencia social y política que estamos padeciendo. Necesito seguir mirándome al espejo sin avergonzarme demasiado de mí mismo y, sobre todo, tratar de que el joven que fui tampoco se avergonzase en demasía de lo que ahora soy y del cómo actúo”.

Crítico con la tremenda “contrarrevolución social, que conlleva el empobrecimiento de los más y el incremento de riqueza de unos pocos, acompañada del afloramiento de escándalos de corrupción con una intensidad tal que ha conllevado el descrédito absoluto de las principales instituciones del estado y de la región”, trataba de “ayudar a transformar sustantivamente el país a la búsqueda de equilibrios sociales y económicos entre las personas y entre los territorios y a la profundización de la democracia y de la ética en la ciudadanía y la política”.

 

El amigo

Carmelo es, también y sobre todo el viejo amigo para quienes hemos disfrutado estas últimas décadas de sus comentarios (de acuerdo o no con sus ideas, siempre bien razonadas y expuestas con todo respeto), su compañía semanal en una ya casi legendaria Tertulia de El Picadillo, con guiñote y debates, torreznos y quemadillos. Amable siempre para toda ayuda, discretísimo, somarda a la manera aragonesa ya, lo mismo viaja buscando aceites y dulces a Valdealgorfa que hasta Galicia por estar con los amigos en horas importantes. Los llora cuando faltan, como a Carreras y Borrás. Les presenta libros o, aunque sus noches le absorben (su conocidísima web en Facebook con miles de seguidores…las emonionantes cartas a Aitana…) ha escrito entre 1913 y 1915 unos cuantos certeros artículos en estas páginas de Andalán.

 

 

Hablando de Carreras escribió, y creo se lo podemos aplicar a él mismo: “fue, ante todo, un maestro. Un gran maestro. Y ello, tanto por el abundante número de personas en las que dejó huella intelectual y humana como, y quizás sobre todo, por la intensidad y hondura, en cada una de ellas, de esas huellas”. Porque sobre el historiador, profesor, escritor, político, amigo, planea la idea de su queridísimo Antonio Machado: es, un hombre, “en el buen sentido de la palabra, bueno”.