Noticias de nuestra cultura
Saludos, queridos amigos lectores. Reanudamos esta sencilla sección con algunas noticias del mundo de los libros y las revistas en relación con Aragón. Han sido casi cuatro meses de parón en casi todas estas actividades, a pesar de lo cual sus esforzados y generosos artífices han trabajado en silencio y encierro para poder ofrecer estas novedades.
Una noticia trascendente para la cultura aragonesa es el nombramiento en la DPH de Alberto Sabio, catedrático de Historia contemporánea de nuestra Universidad, excelente investigador y persona comprometida socialmente, como director del Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), en sustitución de Fernando Alvira, que ha estado en el cargo los últimos veinte años. Por su claridad y acierto, copiamos los primeros párrafos de la crónica de J. Naya en el Diario del Alto Aragón. También por nuestra vieja y buena amistad con Alberto, a quien deseamos eficacia en tan importante cargo. Y a Fernando Alvira, otro viejo amigo, nuestra felicitación por tantos años de entrega, en los que, como leímos no hace mucho como gran elogio de otro profesor, “hizo y dejó hacer”.
“En esta nueva etapa, en el IEA habrá -dice Sabio- “elementos de continuidad con la gran labor realizada por Alvira, que ha dedicado al IEA muchos años por pura generosidad y voluntarismo, pues este puesto de director académico no percibe remuneración alguna”. Pero también, “le intentaremos imprimir nuestro sello personal a la gestión. Para empezar, vamos a recuperar las ayudas de investigación para las áreas científicas, que históricamente han sido una de las columnas vertebrales del Instituto. También hemos de dar un salto tecnológico, creando un canal de YouTube y favoreciendo actividades on line, aunque siempre prefiramos los cursos o las conferencias presenciales porque en la cultura, como en la enseñanza, resulta fundamental la piel y la sociabilidad en vivo y en directo”.
“Al preguntarle por sus objetivos, el nuevo director del IEA dice: “sería estupendo si ayudásemos a encauzar la cultura y la ciencia como conocimientos organizados en nuestro territorio. Porque el conocimiento avanza a pasos, progresivamente, no a saltos”. Además, “hemos de publicar y difundir esos conocimientos en ediciones bien calibradas, cuidar con mimo la mejor biblioteca de la provincia de Huesca, la del IEA), defender el patrimonio altoaragonés, aumentar los talleres literarios, realzar el Espacio Sender…”. Y seguir trabajando con los centros asociados…”
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También, ex aequo en primer lugar, por la importancia del objeto de estudio y homenaje, citaré “Bajo el velo del bien público”. Así abre el título de este libro, que trata del Comercio, política y reformas en la España del Siglo XVIII -En Homenaje al Profesor Guillermo Pérez Sarrión– coordinado por Jesús Astigarraga y Javier Usoz, que lo fueron en una magnífica jornada (24 y 25 de mayo de 2018) en el Campus de San Francisco. Se me invitó a presidir una de las mesas, lo que hice gustoso, y luego me invitaron ellos mismos a abrir el libro con una semblanza, como hice en las últimas décadas en los homenajes a mis maestros y amigos: Pierre Vilar, Tuñón de Lara, Jordi Nadal, Josep Fontana, Juan José Carreras, Alberto Gil Novales, o colegas de mi generación, como Guillermo Fatás, Carlos Forcadell, etc.
Es Guillermo autor de varios libros excelentes sobre Aragón en el XVIII, docenas de muy serios artículos y otros libros más amplios en la mirada, como la coordinación e introducción de la coordinación de “Más Estado y más mercado. Absolutismo y economía en la España del siglo XVIII” (Madrid, Sílex, 2011), y la publicación de “La península comercial. Mercado, redes sociales y Estado en España en el siglo XVIII” (Madrid 2012) que obtuvo el prestigioso Premio Jaume Vicens Vives 2013 (VII Edición) que otorga la Asociación Española de Historia Económica, y que luego fue editada en inglés en Londres, por Bloomsbury Publisher, 2016.
Copio, para abreviar, un párrafo del final de ese largo texto: Su perfil de hombre insaciable, de universitario responsable, de persona progresista y con alto espíritu cívico, me han hecho disfrutar cuando, también en los ochenta, de tarde en tarde pero con fidelidad constante, nos reunimos, bien en grupo… bien comiendo juntos para contarnos cosas de trabajos, familias y preocupaciones. Quiero decir, con ese conocimiento que me han dado él y sus libros y artículos, que G. Pérez Sarrión es no sólo un historiador sino más allá, un intelectual de una pieza, de los de antes, sobre todo para lo bueno (curiosidad amplísima, inteligencia penetrante, enorme capacidad de trabajo, autocrítica constante), pero hasta para lo malo, las obsesiones, las inquietudes, el encerramiento a veces, que todos padecemos en los duros y difíciles momentos de ir cuajando un trabajo. Formé parte de la Comisión que en marzo de 2006 le hizo catedrático”.
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Treinta y ocho años después de su edición por Espasa Calpe, en su popular colección Austral, se reedita por Libros del Innombrable Aforismos del solitario, de José Camón Aznar (Zaragoza,1898 -Madrid,1979), corregidas erratas y con algunas enmiendas. Don José, catedrático, historiador, escritor y crítico de Arte, a quien entrevisté a comienzos de los años sesenta, y tuve como decano en Letras en Madrid… Dice en el prólogo de José Luis Trullo:Desfilan por los Aforismos del solitario toda suerte de temas, siempre inscritos en una preocupación de índole intelectual y espiritual: arte, filosofía, historia, moral o poesía son otros tantos campos de siega donde el pensador logra agavillar mieses preñadas de granos maduros, listos para ser molidos y amasados con las manos del día a día, sin premuras, entre dientes. No es extraño, pues, que vuelva y otra vez sobre ciertos conceptos (Dios, Jesucristo, el pecado, la verdad, la culpa…), incluso que repita prácticamente los mismos aforismos en varias ocasiones. Es que está meditando”. Por viejo, conocí a don José, le entrevisté hace casi sesenta años para Radio Popular de Zaragoza, le tuve como decano en Letras en Madrid, en los turbulentos sesenta, en que tuvimos alguna tensa entrevista. Era hombre complejo, aragonés tozudo, listo, cauteloso. Y su donación a Ibercaja de un fondo increíble sólo posible por ser crítico en décadas en el ABC, tasador de herencias, director del Museo Lázaro Galdiano: porque una cátedra universitaria no daba para tanto. La pena es que tras la muerte de sus herederas y albaceas, la esposa y la hija, Ibercaja haya decidido casi orillar su nombre del museo que regaló a su ciudad natal.
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Acaba de aparecer y se promociona muy bien la Baraja aragonesa ilustrada (de Chema Agustín y Alberto Sevilla, aditado por Estiva y Prames), en un buen estuche y con un libro que explica todas sus cartas e ilustraciones. En un acaso demasiado largo aunque gracianesco prólogo, digo cómo “en Aragón, esa tierra que hoy algunos descubren al fin despoblada, vacía, cuantos somos allí nacidos o han vivido en los pueblos podemos evocar los juegos de cartas en el bar o casino; en las noches de verano “tomando la fresca”; mujeres, hombres y gente menuda. Al cinquillo o los seises según las zonas, a muchas otras variedades, incluso “a lo prohibido” en que a veces se apuntaba hasta algún guardia civil, decían; pero, sobre todo, el guiñote, sencillo pero muy entretenido… Pertenecí a varios grupos guiñoteros: El más duradero, hasta hoy, lleva lustros reuniéndose primero en los sótanos de un pequeño hotel y ahora en los de un bar muy afamado (“Picadillo”) junto a la casa donde vivió en pensión José Martí, y esquina a la preciosa plaza del Justicia, Santa Isabel (“vulgo San Cayetano”, decían) donde celebra el agua una bella samaritana. Donde jugó de chico, y nunca lo olvidó, José Antonio Labordeta..:”
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Dejemos constancia, saludo y felicitación, a los gestores de varias de nuestras principales revistas culturales: Rolde, Turia y Turolenses, de que hemos hablado frecuentemente y volveremos, tras su detenida lectura veraniega.
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Ha habido otras muchas novedades de las que no hemos tenido ocasión a veces, los objetos en otras (normalmente hablamos de los libros que nos llegan), el tiempo, a pesar de haberlo en casa, para tantas lecturas. Citemos, y acaso en el otoño haya ocasión de volver sobre alguna de ellas: Hiperbóreas (Erial) de Paco Uriz; Regreso al Sáhara (Comuniter) de Luis Granell; Sueños de ficción, de José Giménez Corbatón (PUZ); Os contaré la verdad (Xordica) de Fernando Sanmartín; Un hipster en la España vacía (Literatura Random House), de Daniel Gascón; Tierra de silencios y otras reediciones y picardías, de Francisco Javier Aguirre. Y más.
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