Andamos llenos de tristezas
La vuelta del verano se prometía casi bien, pero las cosas se fueron torciendo. Un día de estos habremos de recordar y evocar a tantos compañeros muertos, deuda nunca saldable. Han sido tantos, en los últimos años, que si anotamos a J.A. Labordeta, Emilio Gastón, Javier Delgado, y dejamos muchos puntos suspensivos, la cosa está clara. David Pérez Maynar, coeditor de Andalán.
La noticia llegó por varios viejos amigos de Andalán: había muerto en Barcelona, el 2 de octubre, quien fue entre 1974 y 1987 coeditor de la revista, David Pérez Maynar. Lo recuerda así nuestro compañero Eloy Fernández Clemente:
“… la marcha de Carlos Royo nos dio un buen susto, pues nos hizo buscar un
«sustituto» en esa tramoya de coeditor fiable: ¿cómo quedaría ahora aquel pacto de
coeditar con alguien mejor visto que yo por las autoridades del Régimen? Labordeta
que casi siempre tenía solución para todo, pensó en su amigo el notario de Hospitalet
de Llobregat (antes lo fue en Albarracín y Ateca, y su añoranza aragonesa era grande),
David Pérez Maynar, que aceptó sin condiciones –y eran aún tiempos muy difíciles–
seguir como coeditor, a partir del n.º 52 (1 de noviembre de 1974). Pronto se sintió
de casa, y a veces mandaba con orgullo recortes de prensa catalana sobre nosotros.
Por ejemplo, en vísperas de la Navidad de 1974, uno de Tele/eXprés que comenzaba
diciendo: «Por fin ha aparecido un interlocutor racional en la polémica sobre el
proyectado trasvase del Ebro. Los representantes de la revista aragonesa Andalán
dieron en la mesa redonda del Colegio de Economistas muestra de una seriedad que
hasta ahora habíamos echado en falta en la posición contraria al proyecto». David
comentaba por detrás: «Biescas y Mainer estuvieron extraordinarios. ¡No todo son
malos ratos!».
David ejerció su notaría en Hospitalet hasta 1987, en que se trasladó a Barcelona, donde se jubiló en 2005. Fue allí miembro y vicepresidente de la Junta del Colegio notarial.
No sólo su condición, para él ya menos peligrosa y algo honrosa, de coeditor nuestro, sino que ello le animó a participar en diversas actividades, relacionarse con el mundo de la cultura. Firma como un aragonés que vive en Cataluña. Así, sabemos que escribió varios artículos en El Ciervo, revista cristiana progresista de fraterna relación con la nuestra. Fichamos de 1976 el nº 295, en que escribe sobre “Regiones, naciones y estado en España”, en un colectivo encabezado por Lorenzo Gomis y en el mismo, “Verdad en Madrid, mentira en Barcelona” y en el 304, al año siguiente, “Cataluña problema y esperanza de la inmigración”. Tuvo relación con algunas empresas informativas.
Fue miembro desde 1981 del consejo de redacción de la revista “La Notaría. Boletín informativo del Colegio de Notarios de Barcelona”. Asistió a actos profesionales, homenajes a compañeros… Participó desde su creación en 1986 en el Patronato de la Fundación Carles Pi i Sunyer, junto a otras figuras de la política y la cultura como Eulàlia Vintró Castells, Joaquim Nadal i Farreres, Josep M. Bricall i Massip.
Y no parece casualidad que le llamaran para dar fe en asuntos concernientes al mundo de la cultura, desde la acreditación en 1990 de José Agustín Goytisolo, a los Estatutos de la Fundación Joan Miró (2004) y ese mismo año ratifica el convenio entre el rector de la Universidad Pompeu Fabra (Moreso Mateos) y Narcís Serra, del Institut Barcelona d’Estudis Internacionales.
Recibía dedicatorias, como esta de Carlos Pérez Ramos: “Para David Pérez Maynar en recuerdo de nuestras conversaciones sobre derecho, su cariño y amistad”. O que la veterana notaria jubilada Margarita Baudín, le evocase ante sus nietos como “vuestro maestro”.
No era dado a escribir mucho, sin embargo. Pero lo hizo en compromisos, como el que le llevó a unir su trabajo a otros muchos, tratando sobre “La autocontratación en materia societaria y en la formalización de los negocios bancarios”.
Hablaba poco sobre él, apenas rescatamos de 2012 un elogio de Joaquín de Prada González, en el que le describe y se confiesa: de “carrera notarial muy parecida, nos respetamos siempre, aguantamos nuestras respectivas excentricidades y nuestra tendencia al “ex abrupto” y daba cuenta de alguna busca de sentido y acción a su vida privada: “viví aquellos años embarcado en aventuras políticas que, vistas hoy, considero justas pero planteadas equivocadamente”
No pidió jamás cuentas. Recibía la revista, y alguna vez acudía a algún acto en Barcelona, como el que presenció y luego narró junto a Jesús Vived y Jesús Delgado sobre una semana aragonesa en el Centro Aragonés de Barcelona.
En fin, recurrimos de nuevo a las memorias de Eloy, que cuenta:
“Cuando, a comienzos de 2010, reanudamos una relación interrumpida por
décadas, David me señalaba: «… puse mucha ilusión en el único periódico que
ha tenido la izquierda aragonesa después de la guerra; tenía muchos defectos pero
era valiente en tiempos peligrosos y abría caminos nuevos. He pensado muchas
veces por qué nunca acabásteis de admitirme como uno más entre los vuestros:
hace tiempo que llegué a la conclusión de que la culpa fue mía. En aquellos años las
oposiciones y mi carrera profesional me habían producido estragos y, por otra parte,
una cierta ingenuidad (que todavía conservo) me impidió juzgar acertadamente lo
que el equipo me pedía, seguramente con toda la razón del mundo, es decir, que
ayudase sin intervenir…. Mi aventura en Andalán fue apasionante, me permitió
conocer de cerca a mucha gente valiosa, entre los que te cuentas, y me ayudó a…
mirar el mundo y la vida de una forma amable».
Le contesté del 20 de febrero de 2010: «Tu carta me ha alegrado mucho; también
me ha impresionado, por cuanto tiene de confesión íntima, de un viejo amigo que
lo era aunque no nos viésemos en muchos años. Siempre te tuve por persona noble,
sincera, seria, y todos te tenemos mucha gratitud por el apoyo de aquellos años, que
en efecto te pidió Labordeta al desengancharse Carlos Royo: seguíamos necesitados
de alguien “honorable” que diera la cara con nosotros… Aciertas… al deducir que
si no te implicaste más en el grupo no fue por un rechazo nuestro (nos hubiera
encantado, pero la distancia era un obstáculo), sino por no dar los pasos. Pero todo
eso es muy lejano. Te quedan, como a todos, buenos recuerdos; fue una quijotada
que nos permite sentir un cierto orgullo y satisfacción».
Vino cuando murió Labordeta, pero no nos encontramos, no vio por la Aljafería a
nadie conocido, y tras un rato errando por allí, se fue. Volvimos a conectar a comienzos
de 2011 en que le mandé algunos papeles: «Me has dado una alegría –escribió–
acordándote de este pobre y tardío coeditor».”
Lo hacemos ahora todos los que tuvimos que ver con su apoyo y amistad.
***
Y, en fin, la crónica debe seguir. Contando que el 21 de septiembre se homenajeó, al año de su muerte, a Joaquín Carbonell. Que por entonces moría uno de los dos padres de La Bullonera, Javier Mestre, memorable autor de letras inolvidables y voz recia y serena, viejo amigo. Que las gentes de Andalán se preparan, ánimo e invitación a todos, a preparar para el 15 de septiembre de 2022 los 50 años del nacimiento en L’Aínsa de la revista de papel. Porque el reto y la necesidad empujan.

Foto de David y Matilde en aquellos años setenta…