Cremona y Stradivari
Situada en la región de Lombardía, a cien kilómetros de Milán, Cremona es una bella ciudad de unos setenta mil habitantes, junto al rio Po. Aunque no sea de los lugares más visitados en Italia, su riqueza monumental y su tradición musical justifican la visita a una ciudad acogedora y amable.
Cremona monumental
La ciudad contiene muchos edificios de interés, entre los que destacan iglesias (Santa Ágata, San Omobono, Santa María Magdalena) y palacios (Stanga Trecco, Affaitati, Vidoni, Soresina Soranzo, Raimondi, Trecchi). Pero para el visitante su lugar emblemático es la Piazza del Comune, plaza principal de Cremona, que concentra varios edificios que forman un armonioso conjunto monumental, reflejo del centro religioso y cívico de la ciudad medieval: la Catedral, el Torrazzo, el Baptisterio, el palacio del Comune y la Loggia del Militi. Observar el conjunto paseando por la plaza o sentado en una terraza es un placer que vale la pena.
Entre todos esos edificios destaca la Catedral, conjunto de aportaciones de diversas épocas, del románico al barroco. En su imponente fachada destaca su rosetón central, un pórtico coronado por una galería con tres arcos y estatuas, y las agujas que culminan el edificio. Su interior, de tres naves, es de una grandiosa monumentalidad.
Junto a ella, el Torrazzo es uno de los símbolos de la ciudad. Se trata de una torre campanario, iniciada en el siglo XIII y concluida ochenta años después, que combina estilos arquitéctónicos: una parte románica, de sección cuadrada, y su coronación superior, de estilo gótico. La torre, construida en ladrillo, tiene ciento doce metros de altura, y llegar a su cumbre exige subir quinientos dos peldaños, lo que permite –además de disfrutar de una extensa panorámica– visitar su museo vertical, con diversas salas en distintas alturas. Su gran reloj astronómico es una obra maestra de la mecánica antigua.
Cremona musical: Stradivari y la luteria
Cremona ostenta la distinción de ser la cuna de una estirpe que ha destacado por su maestría en la construcción de instrumentos de cuerda, lo que le ha dado fama mundial.
Fue el cremonés Andrea Amati (1505-1577) quien diseñó la familia de los instrumentos de cuerda (violines, violas, violonchelos), definiendo sus modalidades y sus métodos de construcción.
Le dio continuidad Antonio Stradivari (1644-1737), el más célebre lutier italiano, que mejoró su técnica (madera, barniz, arco) y que da nombre, con la forma latina de su apellido, a sus instrumentos (Stradivarius). A lo largo de su vida fabricó casi 1.200 instrumentos. Los conservados, más de trescientos, gozan del más alto prestigio entre los músicos por su sonido excepcional. Cada uno de ellos tiene un nombre propio para distinguirlo de los demás. Incluso el Palacio Real de Madrid guarda una colección de Stradivarius (dos violines, violonchelo y viola). Y un violín Stradivarius ha llegado a alcanzar el precio de 3.544.000 dólares en 2006 en una subasta de Christie’s.
Cremona cuida el mantenimiento de esa prestigiosa tradición. La Scuola Internazionale di liuteria es un centro de formación para constructores de instrumentos que sigue el método de Stradivari y de sus sucesores. Y en el Museo Stradivariano, sito en el Palacio Affaitati, se recogen setecientas piezas (instrumentos, modelos, diseños, herramientas), transmitidas de lutier a lutier, que dan testimonio de la tradición cremonesa. Y más de 150 lutieres trabajan en sus talleres en la ciudad. Un monumento, en la plaza de su mismo nombre, recuerda a Stradivari y a sus violines.
Cremona ha sido también la cuna de Claudio Monteverdi (1567-1643) al que se le recuerda con un monumento en piazza Lodi. Y Amilcare Ponchielli (1834-1886), nacido en Palermo pero vinculado a Cremona, da nombre al Teatro Comunale Ponchielli y tiene dedicada una estatua en los jardines de piazza Roma.