El Canto a la libertad ante las Cortes de Aragón
El pasado 28 de octubre se admitió a trámite por la Mesa de las Cortes de Aragón una Proposición de Ley por la que se declara Himno de Aragón el Canto a la Libertad de José Antonio Labordeta.
Plantea, como dice su exposición de motivos, “declarar el Canto a la Libertad, creado por Labordeta, como el himno popular, accesible, querido y sabido por todos, entonado con emoción, símbolo de la larga lucha por la democracia en Aragón y en muchos rincones del mundo”.
Desde aquel momento, la Comisión Promotora comenzó la campaña de recogida de firmas que avalara la iniciativa legislativa popular, para conseguir las 15.000 firmas exigidas por la ley. A esa campaña se adhirieron 58 entidades sin ánimo de lucro y 34 empresas. La entusiasta acogida del pueblo llano, las aportaciones de escritores y artistas y la crónica de la campaña se ha recogido en el hermoso libro “Canto a la libertad, un himno para un pueblo”, que incluye dos CD con 28 versiones del Canto de diversos grupos y artistas. Finalmente, el 24 de marzo se entregaron a la Junta Electoral un total de 24.256 firmas en apoyo de la Proposición de ley.
Las iniciativas legislativas populares son las únicas iniciativas parlamentarias que no decaen al concluir la legislatura y deben ser debatidas en el primer Pleno que inicie la siguiente. Por ello, se ha incluido en el próximo Pleno de las Cortes la toma en consideración de esta Proposición de ley. La denominada “toma en consideración” es una votación que hace posible, de aprobarse, continuar el trámite parlamentario, presentar enmiendas, debatirla, negociar aportaciones y finalmente decidir. Pero si la Proposición de Ley no supera esa primera toma en consideración, la iniciativa muere.
En los medios de comunicación se ha avanzado que el Pleno de las Cortes rechazará tomar en consideración la Proposición de ley. Que tanto el PP como el PAR (que suman 37 de los 67 diputados) votarán en contra de iniciar el trámite, mientras que PSOE, CHA e IU (que suman 30) votarán a favor. La simple excusa es que no parece oportuno modificar lo que ya es una de las señas de identidad de Aragón, el actual himno.
Cuando va a cumplirse el año de la muerte de José Antonio Labordeta, esta decisión es un desprecio para todos aquellos miles de ciudadanos que mostraron espontáneamente su dolor desfilando por su capilla ardiente, instalada precisamente en la sede de las Cortes, y para los miles que han apoyado la iniciativa legislativa popular.
La postura del PP era previsible, dada la actitud despreciativa mantenida a lo largo del tiempo en relación con la actividad de José Antonio Labordeta como cantautor, como cronista de la España cotidiana y como diputado (“Canta, cantautor de las narices”).
Pero el PAR debiera reflexionar sobre el sentido de su voto, por una mínima coherencia. En abril de 1989 el PAR votó en contra de la aprobación del actual Himno de Aragón, tramitada con calzador, y su portavoz Sr. Mur Bernad manifestó en el Pleno que se había intentado presentar el Canto a la libertad como himno, “iniciativa que posteriormente no ha sido posible por cuestiones de procedimiento”. En esa misma sesión uno de los principales valedores del actual Himno (el Sr. Merino y Hernández, entonces del CDS), ante las críticas, dijo: “En si va a ser popular, eso no lo puede predecir nadie, absolutamente nadie”. Veintidós años después ya lo sabemos: el Himno vigente tiene indudable calidad musical y poética, pero no es y nunca será popular. En su versión completa, con orquesta y coro, quizá solo se ha interpretado en directo el día de su presentación; dada su complejidad musical y la dificultad de su interpretación, en los actos oficiales se acude a versiones grabadas y, en todo caso, abreviadas, dada su extensión y escaso poder de entusiasmar.
Presumía el Sr. Biel Rivera, presidente del PAR, al estrenarse como Presidente de las Cortes, de que pretendía abrir sus puertas a la participación y a la ciudadanía. Difícilmente volverá a tener una oportunidad mejor para demostrar su sinceridad, ante una iniciativa apoyada por 25.000 aragoneses. Rechazarla sin siquiera debatirla supondría tanto como el absoluto desprecio a tantas personas y colectivos que la apoyan. En estos momentos de dificultades para la autonomía vaciar el aragonesismo de sentimiento popular, de momentos de encuentro emocionado, de símbolos populares, no contribuirá sino a marchitar la participación y convertirlo en algo cada vez más lejano al pueblo, cosa de políticos profesionales retribuidos.