Distintas elecciones, mismas (o mismos) caras
Una mirada a las candidaturas de los partidos mayoritarios para las elecciones a Cortes Generales invita a protegerse la nariz. Más que dar mal olor, hieden.
No parece de recibo, a recibo Democrático me refiero, que quienes en la pasada primavera encabezaron las candidaturas para las elecciones municipales, vuelvan a hacerlo ahora, en el otoño, para ser –son ya de hecho, dada la ley electoral- diputados y senadores.
A escala nacional el caso más llamativo es el de Alberto Ruiz Gallardón. En mayo encabezó la candidatura del PP a la alcaldía de Madrid y, como era totalmente previsible, renovó alcaldía. Ahora, su partido, poniéndolo de número cuatro en la candidatura por Madrid, ya lo ha hecho diputado. ¿Simultaneará ambos cargos, alcalde y diputado? Si es así, la única conclusión posible es la del poco trabajo y la escasa dedicación que requieren tanto la alcaldía de Madrid como el Congreso de diputados, porque superhombres, ni la divinidad, con que mucho menos don Alberto. ¿Dejará de ser alcalde? ¿A qué entonces haberse presentado, haberlo presentado su partido, hace tan solo seis meses? Para que el ciudadano respete y valore a quienes se dedican a la actividad política, esos políticos deben respetar, ya que no a sí mismos, al menos a los ciudadanos.
El mismo caso de Ruiz Gallardón, es, en Zaragoza, el de Juan Alberto Belloch, con la única diferencia de que éste cambia el Congreso de Diputados por el Senado. Y muy parecidos, en la propia Zaragoza, son los de Eloy Suárez, del PP, y el de Rosa Santos, del PAR.
Belloch, Suárez y Santos encabezaron las candidaturas de sus partidos al Ayuntamiento de Zaragoza; los tres son ahora candidatos al Congreso o al Senado. De hecho Suarez ya es, en la práctica y dada la ley electoral, diputado y Rosa Santos, pese a no obtener concejalía y haber sido compensada con una dirección general en el gobierno autonómico, será, sin duda ninguna, el día 20 de noviembre senadora. A esto mismo aspira Belloch, aunque, como comentaré otro día, pueda tenerlo algo más difícil.
En todo caso, que más de una cuarta parte de quienes van a ser parlamentarios por Zaragoza -3 de 11- hayan sido también candidatos a la alcaldía hace tan solo seis meses, es, por poco pudor ético que se tenga y por escaso respeto a la ciudadanía que se posea, obsceno. Democráticamente obsceno.
Claro que la obscenidad, la primera obscenidad en estos temas, tiene su punto de arranque en la propia ley electoral y en las leyes que permiten, y hasta impulsan, estas casuísticas. Y una ley obscena, ¿qué otra cosa que comportamientos democráticamente obscenos puede generar?