Costa: Todos los santos tienen octava

Seguro que a don Joaquín no le hubiera gustado ni de broma lo de santo, pero viene a cuento porque, pasados varios meses del fin de las celebraciones, acertadas, numerosas, del centenario de su muerte, siguen apareciendo muy buenos estudios sobre su obra. Mencionemos, sin ánimo de mayores explicaciones:

En primer lugar, la reedición en otro formato del primer tomo de los Escritos agrarios de Costa, el referido a los Escritos de juventud (1864-1871), coordinado por Cristóbal Gómez Benito y Alfonso Ortí Benlloch, editados desde la Fundación Joaquín Costa del Instituto de Estudios Altoaragoneses, con la colaboración de la Institución Fernando el Católico y el Ministerio de Medio Ambiente y Medio rural y marino. Ambos grandes especialistas publicaron en 1996 un Estudio crítico, reconstrucción y sistematización del corpus agrario de Joaquín Costa y en 1999 la primera edición de este tomo. Ambos agotados, se decidió este nuevo formato y estrategia editorial a la hora de recuperarlos y proseguir con los dos más previstos: II, Escritos de madurez (1874-1890) y III, Escritos finales  (1891-1911), que esperamos no se hagan esperar mucho.

Isabel Alfonso, prestigiada investigadora científica del CSIC, tenía preparada hace veinticinco años, y la efemérides ha favorecido al fin su publicación (por la IFC), una edición crítica del importante y poco conocido y citado libro de Joaquín Costa, Tratado de política sacado textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la península, que quedó en suspenso al cesar Guara su actividad editora de las Obras.  Nunca es tarde, si la dicha llega. Una edición primorosa, en la nueva colección “Historiadores de Aragón”. Todo aciertos.

También se ha sumado, a tiempo, en los fastos aniversarios, el veteranísimo Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, que desde un tiempo dirige José-Carlos Mainer, y en esta su segunda época, nº 82, publica un monográfico bajo la rúbrica “Joaquín Costa en su centenario”. Artículos del propio Mainer, del Comisario de los actos Gómez Benito, de los aragoneses Juan-Carlos Ara e Ignacio Peiró, y otros de Josefina Gómez Mendoza sobre Altamira, el gran amigo de Costa; de Gonzalo Capellán y Eugenio Otero, un texto preclaro de Costa “Por qué dubsiste en Cuba la esclavitud” y la reproducción de la anónima necrológica que el BILE publicó en 1911 a su muerte, completan un volumen bien editado y que prolonga la vieja devotio mutua entre nuestro altoaragonés y esa su Casa inspiradora y acogedora.