07/01/2013

Joaquín Costa y la crisis política de España

Joaquin CostaEl 15 de septiembre de 1901, Costa, invitado por su amigo Miguel de Unamuno, abre los Juegos Florales de Salamanca con uno de sus discursos políticos más importantes, que luego se publicaría con el título de “Crisis política de España”. En Salamanca, desmarcándose de los discursos habituales en este tipo de encuentros culturales, que juzga ñoños, Costa aborda los problemas de España en ese momento. La parte programática de su discurso se encuentra en el apartado “Tres lecciones de Salamanca para España”. En ella, afirma que el problema fundamental de España se encierra en la fórmula “Nivelarnos con Europa, en lo físico lo mismo que en lo espiritual; que el español se eleve de la condición de avasallado a la dignidad de hombre, que alcance su plenitud de la libertad, así política como moral, o dicho de otro modo: que deje de padecer hambre, hambre de pan, hambre de instrucción, hambre de justicia, estos tres coeficientes necesarios de la libertad.” Costa resume su pensamiento en cuatro virtudes necesarias para la acción pública en ese momento: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza.

Justicia: exige la extensión de responsabilidades del desastre del 98 a toda la clase política de la Restauración: “Aplicación de la sentencia de Montojo a los gobernantes de los últimos veinticinco o treinta años y su sustitución por otros nuevos en la dirección de la sociedad española.” Prudencia: “En el supuesto de la monarquía actual, aplazamiento de la mayoría de edad del rey: en otro caso, lo que es propio del supuesto republicano”. Fortaleza: “En ambos casos, revolución radical, instantánea y arrolladora, hecha desde el poder, sobre la pauta del plan de gobierno o programa de reformas acordado por la Asamblea Nacional de Productores (Zaragoza, 1899) y común ya, en lo fundamental, a todas las “parcialidades” políticas, y en caso extremo, “levantamiento de abajo hasta todo el límite de lo necesario.” Templanza: “Sobre la base de lo segundo, para hacer practicable lo primero y llevar a cabo lo tercero, formación de un instrumento nuevo de gobierno, “partido nacional”, con elementos intelectuales y económicos de los no complicados directamente en las responsabilidades de la caída de la nación.” El discurso termina invocando a todos los que trabajan y producen, a los que piensan y estudian e investigan, porque sólo en ellos está el porvenir de España.

El paralelismo con la situación actual no resulta forzado. Justicia: la salida de la crisis (económica, política, institucional), requiere la depuración de responsabilidades a los causantes directos de la misma (gestores financieros) y a los políticos afectados por la corrupción o el despilfarro. Es una exigencia que está en la opinión pública actual y una condición para poder exigir sacrificios a la ciudadanía. Y es un requisito para la regeneración democrática de las instituciones políticas y la administración pública.

Prudencia: La continuidad de la institución monárquica está en entredicho en sectores cada vez más amplios de la sociedad española y de la opinión pública. Y deberá llegar el momento en que el pueblo español decida sobre esta cuestión. Pero la situación actual demanda  prudencia, no añadiendo problemas a los ya numerosos y graves que padecemos. Tal vez ese momento debe producirse coincidiendo con la sucesión al frente de la institución monárquica.

Fortaleza: voluntad firme de transformación de la gobernanza del país, desde la economía a la política. Una transformación radical y rápida, que devuelva la credibilidad de la ciudadanía en la clase política y en las instituciones políticas. Una transformación desde el marco institucional actual antes de que se llegue a situaciones de ruptura.

Templanza: para llevar a cabo este programa regenerador, Costa reclamaba una renovación total del personal gobernante de los últimos 30 o 40 años. Los responsables de la crisis española finisecular no podían pilotar la regeneración del país, ya que carecían de voluntad política, de capacidad intelectual y de legitimidad moral. La crisis actual se está convirtiendo en una crisis de la clase política. El movimiento 15-M así lo entiende, pero también es algo que ya está planteado en muchos ámbitos de la opinión pública y se está convirtiendo en un clamor ciudadano. El sistema de partidos (y el sistema electoral) actual es un serio obstáculo para afrontar con garantías la crisis actual. La corrupción es un cáncer con metástasis en muchos órganos del cuerpo político e institucional. La clase política muestra preocupantes signos de agotamiento y de incapacidad para impulsar la recuperación de nuestro país. Pero si el propio Costa señalaba, en su momento, quiénes podrían liderar la regeneración del país sin estar contaminados de responsabilidades de la mala gobernación anterior, hoy se hace difícil identificar a los sujetos (individuos o colectivos) que pudieran hacerlo gozando del reconocimiento y apoyo social necesario, más allá de los alineamientos partidistas. En cualquier caso, esa transformación no puede ser llevada a cabo por un solo partido, por mucha mayoría absoluta de que disponga en el Parlamento.

Una situación peligrosa que puede llevar a algunos o a muchos a pensar en un nuevo “cirujano de hierro”, bien distinto de lo que por tal entendía el propio Costa (aunque la expresión no fuera de las más afortunadas del autor). La solución no vendrá de mano de ningún redentor, por mucho que sean necesarias personalidades políticas e intelectuales con carácter y con grandes dotes de inteligencia, preparación y de voluntad. La solución sólo puede venir de más política, más democracia, más renovación del personal dirigente, de más participación y control ciudadano, de más transparencia, de más justicia, de más redistribución de la riqueza. Una situación que, desgraciadamente, sigue haciendo actuales muchas de las ideas de Costa.

Una renovada actualidad de muchas de las ideas de Costa que se puso de manifiesto a lo largo del año pasado, durante el desarrollo de la conmemoración del centenario de su muerte (1911-2011). Pues la crisis española actual no puede explicarse exclusivamente por factores externos (la crisis económico-financiera internacional), sino que tiene también raíces propias que no son sólo el producto de errores cometidos en el gobierno de nuestro país en los diez o quince últimos años. La crisis actual cuando menos nos debe obligar a repensar la naturaleza del modelo del desarrollo español, pues parte de la crisis se debe a problemas estructurales propios que tienen raíces profundas, de “larga duración.” Lo que invita a releer a Costa.

 

Cristóbal Gómez Benito es Profesor Titular de Sociología de la UNED y ha sido Comisario de la Conmemoración del Centenario de la muerte de Joaquín Costa (1911-2011).